Me quedé esperando por
ella unos 25 minutos más, era tarde y la luna estaba llena; sus padres no
sabían de mi existencia, según, ella iba al cine con unas amigas. La verdad era
que íbamos a cenar en el Coffe Mug y luego al motel del kilómetro 11. Estaba
algo nervioso, hace unas dos semanas atrás un sujeto que se hacía llamar
"el quebrador" había asesinado a una pareja un par de calles arriba;
no lo han atrapado. Alondra, mi amada, me hacía gestos de espera desde su
ventana. Yo me encontraba muy impaciente, así que saqué una caja de cigarros de
la guantera y me bajé del carro para fumar; al segundo cigarrillo noté una
silueta a unos metros de donde yo estaba, sin duda era una mujer, lo sospeché
por su largo cabello. Alondra salió de su casa y se dirigió hacia mí con un
gesto bastante tierno, sentía su dulce perfume de rosas a la distancia, la
abracé y nos fuimos.
Durante el camino Alondra
no paraba de hablarme de su nuevo trabajo, estaba muy extasiada, la pobre
llevaba meses buscando ese puesto. Yo la escuchaba con atención pero una parte
de mí se encontraba frente a la casa de Alondra y viendo fijamente a la silueta. Sin duda captó mi atención, no sé por qué, pero lo hizo y mientras me
estacionaba para entrar a cenar yo aún pensaba en eso. Pedimos pasta, nuestro
plato favorito, y en el Coffe Mug eran las mejores de la zona, acompañados de
un vino observaba el delicado y fino rostro de Alondra mientras ella me
replicaba el por qué yo estaba algo ido, haciéndome preguntas del tipo: ¿acaso
no te alegras por mí? y yo rápidamente olvidaba a la silueta y respondía con un
delicado -sí-, -disculpa, hoy tuve un día agotador en el trabajo- y Alondra
seguía, bla, bla, bla.
Estábamos satisfechos y
el vino empezaba a hacer de las suyas, creo que bebí más de lo debido, en ese
momento mi mente se encontraba como fraccionada en dos partes, en las cuales
una se imaginaba la silueta de una mujer de cabello largo girando hacia mí y de
esa forma mostrándome su identidad, la otra parte estaba saliendo del
restaurante algo mareado y con ganas de hacerle el amor a Alondra. Era cerca de
la media noche y nos dirigíamos al motel del kilómetro 11 (jamás supe por qué
se llamaba así; estaba ubicado en el kilómetro 13); Nos dieron una habitación
doble, las matrimoniales estaban ocupadas. Obviamente eso no fue problema
alguno. Hicimos el amor dos veces y se hicieron las 2 de la mañana. Alondra
tuvo que telefonear a sus padres y decirles que se quedaría en casa de su
amiga.
La habitación estaba
oscura y la única luz que se asomaba era la del reloj marcando las 3:33 AM. Yo
no podía dormir, estaba muy cansado pero me costaba pegar un ojo. Me levanté
para ir al baño tratando de hacer el mínimo ruido, no quería despertar a
Alondra. Agarré un cigarro y salí de la habitación. En ese momento estaba
haciendo un frío del carajo y mi visibilidad era débil por la espesa neblina.
Escuché voces y al mirar a mi derecha noté que se acercaba un hombre con una
barriga inmensa agarrándole una nalga a una mujer vestida de prostituta. El
hombre no paraba de besarla mientras intentaban abrir la puerta de la
habitación de al lado. La mujer me miraba con cierta angustia. Rápidamente
quité la mirada y escuché que entraron.
No encontré fuego para
encender el cigarro así que me dirigí a la recepción. Una gorda de lentes
enormes con olor a queso vencido me hizo el favor de prender el cigarro. Me
contó que su esposo la había dejado la noche anterior por una flaca mucho menor
que ella. No supe que decirle así que me limite a sonreír. Me contó gran parte
de su fallido matrimonio mientras me brindaba unos tres cigarros, yo sólo daba
respuestas cortas, y ella hablaba como si nunca tuviera a alguien con quien
hacerlo. Por lo menos me hizo olvidar por un momento la maldita misteriosa
silueta.
Volví a la habitación. La
neblina se había dispersado un poco y podía notar a la luna asomarse por la
ventana. Me acosté en la otra cama para no molestar a Alondra e intenté dormir
pero los gritos de la puta de al lado no me dejaban. De igual forma cerré los
ojos.
Recuerdo haber empezado a
soñar con un hombre que pasaba en bicicleta por la ventana de la habitación y
me sonreía de una forma típicamente extraña, pero nunca logré observarlo con
claridad. Escuché ruidos en el baño y abrí los ojos, estaba medio dormido. Vi
la luz del baño encendida y al instante sentí un olor putrefacto bastante
fuerte, incluso mucho más fuerte que el olor de la recepcionista. Seguramente
la pasta le hizo mal a Alondra, pensé. Me estaba durmiendo de nuevo cuando de
pronto sentí a Alondra recostarse a mi lado, la quise abrazar pero moría de
sueño. Algo que sí noté es que el olor se intensificaba cada vez más. Y por más
sueño que tenía me sentía asqueado.
Creo que no había pasado
ni quince minutos cuando me desperté ya mareado por el olor. Pensé en ir al
baño y cuando abrí los ojos advertí de inmediato que en la cama de al frente
estaba alguien acostado. Moví mi mano hacia atrás para sentir si Alondra se
había ido a la cama siguiente pero para mi desgracia pude sentir su brazo.
Ahora no me encontraba solamente mareado, también sentía nervios, unas inmensas ganas
de vomitar y no sabía qué coño estaba sucediendo.
Preso por los nervios
alcé la mirada. Me pareció que alguien me hablaba allí enfrente, justo en la
otra cama. Estaba muy oscuro y sólo veía una silueta acostada inerte. En ese
momento sentí que la persona que se encontraba en mi cama se fue levantando, y
con sus manos tocó con lentitud mi nuca. Luego extendió las manos hacia delante
rodeando mi cuello como si fuera a ahorcarlo y escuché una voz femenina que susurraba a mi
oído…- sabes por qué razón estoy haciendo esto? Por algo muy sencillo:
seguramente crees que soy el famoso “quebrador” y no es así, es más, pensé que
te contentarías al verme, pero no, ni me reconociste y te fuiste con esa vaca
estúpida que ahora está destripada en la otra cama.-
…Mientras me acuchillaban
y sentía ese sabor a metal que te deja la sangre, recordé la silueta de cabello
largo en la esquina, la sensación de embriaguez por el vino, el olor putrefacto
de la recepcionista, los gritos de la puta, la luna posada en la ventana y,
sobre todo, el hombre en la bicicleta sonriendo, dueño de esa típica sonrisa de
quien te ve como si supiera algo de ti que tú no sabes.
…y nunca sabré.
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