domingo, 6 de julio de 2014

Serie: Relatos falaces.

Me quedé esperando por ella unos 25 minutos más, era tarde y la luna estaba llena; sus padres no sabían de mi existencia, según, ella iba al cine con unas amigas. La verdad era que íbamos a cenar en el Coffe Mug y luego al motel del kilómetro 11. Estaba algo nervioso, hace unas dos semanas atrás un sujeto que se hacía llamar "el quebrador" había asesinado a una pareja un par de calles arriba; no lo han atrapado. Alondra, mi amada, me hacía gestos de espera desde su ventana. Yo me encontraba muy impaciente, así que saqué una caja de cigarros de la guantera y me bajé del carro para fumar; al segundo cigarrillo noté una silueta a unos metros de donde yo estaba, sin duda era una mujer, lo sospeché por su largo cabello. Alondra salió de su casa y se dirigió hacia mí con un gesto bastante tierno, sentía su dulce perfume de rosas a la distancia, la abracé y nos fuimos.

Durante el camino Alondra no paraba de hablarme de su nuevo trabajo, estaba muy extasiada, la pobre llevaba meses buscando ese puesto. Yo la escuchaba con atención pero una parte de mí se encontraba frente a la casa de Alondra y viendo fijamente a la silueta. Sin duda captó mi atención, no sé por qué, pero lo hizo y mientras me estacionaba para entrar a cenar yo aún pensaba en eso. Pedimos pasta, nuestro plato favorito, y en el Coffe Mug eran las mejores de la zona, acompañados de un vino observaba el delicado y fino rostro de Alondra mientras ella me replicaba el por qué yo estaba algo ido, haciéndome preguntas del tipo: ¿acaso no te alegras por mí? y yo rápidamente olvidaba a la silueta y respondía con un delicado -sí-, -disculpa, hoy tuve un día agotador en el trabajo- y Alondra seguía, bla, bla, bla.

Estábamos satisfechos y el vino empezaba a hacer de las suyas, creo que bebí más de lo debido, en ese momento mi mente se encontraba como fraccionada en dos partes, en las cuales una se imaginaba la silueta de una mujer de cabello largo girando hacia mí y de esa forma mostrándome su identidad, la otra parte estaba saliendo del restaurante algo mareado y con ganas de hacerle el amor a Alondra. Era cerca de la media noche y nos dirigíamos al motel del kilómetro 11 (jamás supe por qué se llamaba así; estaba ubicado en el kilómetro 13); Nos dieron una habitación doble, las matrimoniales estaban ocupadas. Obviamente eso no fue problema alguno. Hicimos el amor dos veces y se hicieron las 2 de la mañana. Alondra tuvo que telefonear a sus padres y decirles que se quedaría en casa de su amiga.

La habitación estaba oscura y la única luz que se asomaba era la del reloj marcando las 3:33 AM. Yo no podía dormir, estaba muy cansado pero me costaba pegar un ojo. Me levanté para ir al baño tratando de hacer el mínimo ruido, no quería despertar a Alondra. Agarré un cigarro y salí de la habitación. En ese momento estaba haciendo un frío del carajo y mi visibilidad era débil por la espesa neblina. Escuché voces y al mirar a mi derecha noté que se acercaba un hombre con una barriga inmensa agarrándole una nalga a una mujer vestida de prostituta. El hombre no paraba de besarla mientras intentaban abrir la puerta de la habitación de al lado. La mujer me miraba con cierta angustia. Rápidamente quité la mirada y escuché que entraron.

No encontré fuego para encender el cigarro así que me dirigí a la recepción. Una gorda de lentes enormes con olor a queso vencido me hizo el favor de prender el cigarro. Me contó que su esposo la había dejado la noche anterior por una flaca mucho menor que ella. No supe que decirle así que me limite a sonreír. Me contó gran parte de su fallido matrimonio mientras me brindaba unos tres cigarros, yo sólo daba respuestas cortas, y ella hablaba como si nunca tuviera a alguien con quien hacerlo. Por lo menos me hizo olvidar por un momento la maldita misteriosa silueta.

Volví a la habitación. La neblina se había dispersado un poco y podía notar a la luna asomarse por la ventana. Me acosté en la otra cama para no molestar a Alondra e intenté dormir pero los gritos de la puta de al lado no me dejaban. De igual forma cerré los ojos.

Recuerdo haber empezado a soñar con un hombre que pasaba en bicicleta por la ventana de la habitación y me sonreía de una forma típicamente extraña, pero nunca logré observarlo con claridad. Escuché ruidos en el baño y abrí los ojos, estaba medio dormido. Vi la luz del baño encendida y al instante sentí un olor putrefacto bastante fuerte, incluso mucho más fuerte que el olor de la recepcionista. Seguramente la pasta le hizo mal a Alondra, pensé. Me estaba durmiendo de nuevo cuando de pronto sentí a Alondra recostarse a mi lado, la quise abrazar pero moría de sueño. Algo que sí noté es que el olor se intensificaba cada vez más. Y por más sueño que tenía me sentía asqueado.

Creo que no había pasado ni quince minutos cuando me desperté ya mareado por el olor. Pensé en ir al baño y cuando abrí los ojos advertí de inmediato que en la cama de al frente estaba alguien acostado. Moví mi mano hacia atrás para sentir si Alondra se había ido a la cama siguiente pero para mi desgracia pude sentir su brazo. Ahora no me encontraba solamente mareado, también sentía nervios, unas inmensas ganas de vomitar y no sabía qué coño estaba sucediendo.

Preso por los nervios alcé la mirada. Me pareció que alguien me hablaba allí enfrente, justo en la otra cama. Estaba muy oscuro y sólo veía una silueta acostada inerte. En ese momento sentí que la persona que se encontraba en mi cama se fue levantando, y con sus manos tocó con lentitud mi nuca. Luego extendió las manos hacia delante rodeando mi cuello como si fuera a ahorcarlo y escuché una voz femenina que susurraba a mi oído…- sabes por qué razón estoy haciendo esto? Por algo muy sencillo: seguramente crees que soy el famoso “quebrador” y no es así, es más, pensé que te contentarías al verme, pero no, ni me reconociste y te fuiste con esa vaca estúpida que ahora está destripada en la otra cama.-

…Mientras me acuchillaban y sentía ese sabor a metal que te deja la sangre, recordé la silueta de cabello largo en la esquina, la sensación de embriaguez por el vino, el olor putrefacto de la recepcionista, los gritos de la puta, la luna posada en la ventana y, sobre todo, el hombre en la bicicleta sonriendo, dueño de esa típica sonrisa de quien te ve como si supiera algo de ti que tú no sabes.

…y nunca sabré.